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Caso 405

Soy una joven soltera, con más de treinta años.... He tenido algunas relaciones de noviazgo, pero con ninguno he formalizado para casarme. Yo anhelo tener mi hogar, mis hijos, pero aún no se ha dado la oportunidad. Me he enamorado muchas veces, y siempre sufro porque no hay un término feliz. Me he preguntado si hay algo mal en mí. Mis amigos consideran que soy una excelente persona, pero a veces no comprendo por qué aún no me he casado. No quiero hacerlo si no es la voluntad de Dios, porque no quiero ser infeliz; pero a veces me desespero viendo cómo mis amigas se casan y yo no. ¿Cuál es su consejo, Linda?

Consejo

Estimada amiga:

Hay muchas mujeres que se encuentran en la misma situación y que sienten lo mismo que usted, así que me alegro de que me esté consultando sobre este tema.

Si lee nuestros «Casos de la semana» con regularidad, entonces habrá notado cuántas mujeres se arrepienten de la decisión que tomaron de casarse, o se arrepienten de haber elegido a la persona con la que se casaron. Lamentablemente, muchas veces tenían tanto temor de quedarse solteras que estaban dispuestas a proceder con una boda a pesar de tener muchas dudas e inquietudes respecto al hombre con quien se estaban casando. Ellas no vacilarían en decirle que el tener un matrimonio infeliz o sin amor es mil veces peor que nunca haberse casado, y que el tener a un esposo desapasionado o infiel puede hacer que se sienta mucho más insatisfecha que ahora.

También me alegro de que comprenda que la meta más importante que pueda tener es la voluntad de Dios para usted. Cuando uno confía en Dios, tiene la confianza de que Él se encargará del futuro. El sentirse preocupada o abatida en cuanto a su situación pudiera ser un indicio de que en realidad usted no confía en Él.

¿Entonces qué puede hacer? En primer lugar, emplee de una manera productiva el tiempo que tiene como soltera. Si no ha estudiado o no ha hecho una carrera que la satisfaga, vuelva a cursar estudios. Esfuércese por prepararse en una carrera que la haga feliz. En segundo lugar, invierta el amor que tiene en personas que no tienen casi nada. Done su tiempo como voluntaria en un hogar para huérfanos o en un albergue para mujeres y niños víctimas de abuso. Muéstrele amor todos los días a alguien que lo necesita. Concentre sus esfuerzos en las relaciones humanas que ha cultivado, y no en las que no tiene. Y si cuenta con los recursos económicos necesarios, bien pudiera aun considerar la adopción de un niño conforme a lo que las leyes de su país permiten.

El volver a cursar estudios y donar su tiempo ensanchará el círculo social dentro del cual pudiera llegar a conocer a hombres solteros. Sin embargo, no manipule usted la situación, sino permita que se encargue Dios. Él no necesita que usted lo ayude. Si conoce la historia de Sara y Abraham en la Biblia, recordará que a Sara, en su esfuerzo por tener un hijo, el manipular a Abraham no le produjo más que angustia.1 ¡Cuántos problemas se habría evitado si hubiera esperado con paciencia el momento oportuno de Dios! No cometa usted el mismo error que cometió Sara.

Le deseo lo mejor,

Linda
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1 Gn 16-21

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