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Caso 565

Tengo veintiún años y soy estudiante de derecho. Desde niño he sido tímido.... [No he] tenido novia porque no [soy muy sociable]. No me gusta pelear ni discutir, y siempre trato de tragarme las ofensas de los demás.... Desde quinto semestre me empezaron a exigir que hablara más, lo cual he intentado con insistencia. Sin embargo, siento que tanta presión... me tiene en la depresión....

Estoy actualmente... cursando una materia llamada «Consultorio jurídico» en la que debo preguntar mucho y llevar una gran responsabilidad. Agradecería enormemente un consejo.

Consejo

Estimado amigo:

¡Lo felicito por el éxito académico que ha tenido! Ha seguido progresando, a pesar de las dificultades, y está encaminado a una carrera satisfactoria.

Usted pudiera ser tímido, tal como afirma, y si es así, entonces lo animamos a que lea y ponga en práctica las sugerencias del Caso 69. Sin embargo, al parecer sus dificultades son más serias que la simple timidez. Creemos que le serviría consultar a un médico que pueda examinarlo a fin de comprobar si sufre de trastorno de ansiedad social. Un diagnóstico profesional es muy importante, ya sea que su problema se deba a la timidez o a otra cosa.

Así como una persona puede ser tímida y no sufrir de trastorno de ansiedad social, también puede una persona sufrir de trastorno de ansiedad social y no ser tímida. Es que el factor determinante no es la conducta sino los pensamientos que tiene la persona.

¿Evita usted situaciones en las que tenga que interactuar con los demás? ¿Interfiere esa ansiedad con las rutinas normales de la vida? ¿Teme que alguien lo humille o lo avergüence? ¿Cree que otros lo están juzgando, o que usted es inferior a los demás? Si la respuesta a cualquiera de esas preguntas es afirmativa, entonces necesita consultarle sus temores a un médico. No es probable que ese tipo de pensamientos ansiosos y constantes desaparezcan por sí solos, y la ayuda profesional hará que se recupere más rápido.

Mientras tanto, anote los pensamientos de temor que se repiten sin cesar. Luego reflexione sobre cada uno de esos temores y la probabilidad de que se hagan realidad. Anote sus conclusiones acerca del temor. Cuando vuelva a surgir el mismo pensamiento, lea otra vez lo anotado y repase mentalmente sus conclusiones anteriores. Si tiene algo más que añadir, también anote eso. Puede ser muy provechoso sacar a la luz esos temores acumulados en la mente.

Lo que más puede serle de ayuda es comprender que Dios lo ama y lo acepta tal como es usted. Él no lo juzga ni lo condena por esos pensamientos ansiosos, pero sí desea que usted lo busque a Él a la vez que Él lo está buscando a usted. Él quiere darle la fortaleza para examinar sus temores irracionales y permitirle cambiar la manera en que usted piensa. El amor de Dios hacia usted tiene el poder para hacerle la guerra a sus temores.1 Pídale que le ayude a afrontar cada temor y que le dé tranquilidad. Sólo Él tiene el poder necesario para hacerlo, pero es un proceso que exigirá tiempo y esfuerzo.

¡No se dé por vencido!

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 1Jn 4:18a

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