21 abr 17

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de nuestro puño y letra
«EL QUIJOTE DE CERVANTES»
por Carlos Rey

(Víspera del Aniversario de la Muerte de Miguel de Cervantes)

Como homenaje a Miguel de Cervantes, el poeta costarricense Félix Mata Valle escribió el siguiente soneto, que tituló «El Quijote de Cervantes»:

Crear un ser tan noble en su destino,
que cuando mira todo lo abrillanta
y el pensamiento y la ilusión levanta
a grande altura del vivir mezquino.

Opugnarle otro ser en el camino,
que al suelo apega la prosaica planta,
y, despreciando la ilusión que encanta,
al pan lo llama pan y al vino, vino.

Y de ambos seres, juntos y distintos,
hacer que el drama de la vida brote
como producto de los dos instintos,

eso, que nadie osó concebir antes,
al dar a luz a su inmortal Quijote,
muerto de risa lo alcanzó Cervantes.1

¿A qué instintos se refiere Félix Mata Valle en este soneto? A «los dos instintos» de los que Cervantes «hace que el drama de la vida brote» de los personajes principales de su novela: el instinto de vivir con la ilusión de lo posible; o, en su defecto, el instinto de vivir con la desilusión de lo probable. Así comprendemos a Don Quijote como quien vive ilusionado, y a su escudero Sancho Panza como quien vive desilusionado de la vida. «De ambos seres, juntos y distintos», como los compara y los contrasta el poeta costarricense, aprendemos, por una parte, el disfrute de la realidad virtual, y por la otra, el desencanto de la realidad actual.

Lo cierto es que ambos instintos provienen de nuestro Padre celestial, quien nos creó a su imagen y semejanza. Él llama al pan, pan, y al vino, vino cuando, consciente de que «todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia», nos dice sin rodeos: «Vengan, pongamos las cosas en claro. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!»2 Y consciente de que «si confesamos nuestros pecados, [Él], que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad»,3 Dios nos ofrece un destino que ni Don Quijote mismo pudo haberse imaginado.

Es que, de hacer nuestro ese destino, abrillantaremos todo lo que miremos, veremos a Cristo «venir en una nube con poder y gran gloria», y no sólo levantaremos a gran altura el pensamiento y la ilusión sino que levantaremos también la cabeza, porque sabremos que se acerca nuestra redención.4 Pues si hemos confesado con la boca que Jesucristo es el Señor, y hemos creído en el corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, no seremos jamás defraudados sino que viviremos y reinaremos con Él para siempre.5

Más vale entonces que aprovechemos el instinto de vivir desilusionados de tal modo que la desilusión por nuestro pecado nos lleve a confesárselo a Dios a fin de que recibamos su perdón, para que así aprovechemos el instinto de vivir ilusionados a tal grado que la ilusión de la vida nos lleve a disfrutar no sólo de vida plena aquí en este mundo sino también de vida eterna allá en el cielo.


1 Félix Mata Valle, «El Quijote de Cervantes», El soneto en la poesía costarricense, ed. Francisco Zúñiga Díaz (San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1979), p. 138.
2 Is 1:18; 64:6
3 1Jn 1:9
4 Lc 21:27,28
5 Ro 10:9-11; 2Ti 2:8-12