En este mensaje tratamos de manera anónima el caso que nos contó una mujer en las siguientes palabras:
«Yo me congrego en una iglesia donde enseño la Biblia. Mi hija mayor es maestra de inglés, y lleva una vida de desorden, alcohol y relaciones con diferentes hombres.... Los fines de semana se la pasa metida en los bares.
»Por ser yo maestra también como mi hija, no puedo dar consejos porque las demás personas me señalan diciéndome que me gusta corregir a los demás, pero que no corrijo a mi propia hija.... He sabido que ella ha dañado algunos matrimonios porque los afectados vienen a mí para informarme de lo que mi hija está haciendo, y me responsabilizan a mí. ¿Qué hago? Ella aún vive bajo mi techo.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»En el Caso 881, le dimos un consejo a una madre con un problema muy parecido al suyo. Le recomendamos que consulte ese caso en www.conciencia.net para enterarse de lo que le aconsejamos.
»Una de las diferencias entre ese caso y el suyo es que la hija adulta ya no estaba viviendo en casa con la mamá, lo cual no es ni bueno ni malo. Pero en su caso, usted sí tiene la opción de pedirle a su hija que se mude y viva por su propia cuenta. Es posible que la gente sea más comprensiva si su hija se muda, pero usted necesitará pedirle a Dios que la guíe en cuanto a esa decisión, ya que no hay una respuesta específica basada en la Biblia que podamos darle.
»Lo que la Biblia sí establece son los requisitos para ser un líder. El apóstol Pablo enfatizó en sus cartas a Timoteo y a Tito que un líder debe gobernar bien su hogar, y eso incluye amar y disciplinar de manera constante a los hijos.1 Pero la hija suya ya no es una niña. Es una adulta que trabaja y toma sus propias decisiones, aun sabiendo que usted no las aprueba.
»Hay varios ejemplos de líderes en la Biblia que no fueron descalificados a pesar de que sus hijos adultos no sirvieron a Dios. El sacerdote Elí, el profeta Samuel y el rey David tuvieron hijos adultos que no anduvieron en los caminos de Dios,2 y sin embargo Dios no rechazó a esos padres por las acciones de sus hijos. Cada hijo adulto tuvo que sufrir las consecuencias de su propia desobediencia.
»No obstante, nos preocupa que en su vida haya personas que la juzgan con tanta severidad. Esas personas la están juzgando a pesar de que Jesucristo mismo, el Hijo de Dios, enseñó: “No juzguen para que nadie los juzgue a ustedes.”»3
»... Nosotros, también, tenemos una hija adulta que no es una seguidora de Cristo. Al igual que a su hija, se le han enseñado los caminos de Dios, pero ahora mismo está optando por no seguirlo a Él. Por supuesto que oramos por ella, pero su condición espiritual no afecta nuestra capacidad de enseñar a otros.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 888.
| 1 | 1Ti 3:4-5; Tit 1:5-9 |
| 2 | 1S 2:12-17, 22-25; 8:1-3; 2S 13:1–18:33; 1R 1:1-53 |
| 3 | Mt 7:1 |

