13 dic 2017

Una imagen perfecta de paz

por Carlos Rey

Había una vez un rey que ofreció un gran premio al pintor que pudiera captar en un cuadro la paz perfecta. Muchos artistas hicieron el intento. El rey examinó todas las pinturas, pero sólo hubo dos que realmente le gustaron, así que tuvo que escoger entre ellas.

La primera pintura era de un lago muy tranquilo. El lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre las montañas había un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que vieron esa pintura pensaron que reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas, pero eran montañas escabrosas. Sobre ellas se veía un cielo tempestuoso y un torrencial aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo, parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Ninguna de estas imágenes transmitía la paz. Sin embargo, al observar con cuidado, el rey vio tras la cascada un delicado arbusto que salía de una grieta en la roca. En el arbusto había un nido. Allí, en medio de la rugiente cascada, se posaba plácidamente un pajarito en su nido... la imagen perfecta de paz.

Esa imagen convenció al rey de que debía escoger como ganadora la segunda pintura. «La paz no significa estar en un lugar tranquilo, sin dificultades, sin arduo trabajo o sin dolor —explicó el rey—. La paz consiste en que, en medio del ruido y de la tempestad, sintamos calma en nuestro corazón.»

Menos mal que la paz que nos vino a traer el Niño Dios hace unos dos mil años no dependía de un lugar tranquilo, sin el mugido de las vacas y el balido de las ovejas, sin contratiempos y sin trabajos o dolores como los de parto. Al contrario, el humilde pesebre en el que nació nuestro Señor Jesucristo representa para toda la humanidad un lugar en el que reinó la paz en medio de la adversidad. Porque quien ocupó ese plácido nido era el Salvador del mundo, el Rey del universo, el Príncipe de paz, que vino a identificarse con nosotros en nuestra condición humana, al extremo de sufrir el más cruel martirio muriendo en una cruz por nosotros. Por eso en Nochebuena podemos cantar: «Noche de paz». Y por eso podemos confiar en que cuando Él nos dijo que nos dejaba su paz,1 nos estaba ofreciendo la paz perfecta, paz que Él mismo había perfeccionado y que consiste en mantener la calma en medio de las tormentas de la vida.


1 Jn 14:27