Descubre

Descubre para qué estás aquí.

Todo comienza con una pregunta aparentemente sencilla: ¿Quién soy?

Vivimos en un mundo que constantemente intenta responderla por nosotros. Nos define por nuestra profesión, nuestros logros, nuestras posesiones, nuestros errores o por lo que otros opinan de nosotros. Sin embargo, la Biblia propone comenzar en un lugar diferente: afirma que fuimos creados por Dios, a su imagen, con dignidad, valor y propósito.

Eso cambia la perspectiva. Si nuestra identidad no depende únicamente de lo que conseguimos, tampoco nuestro propósito puede reducirse al éxito profesional, al reconocimiento o a alcanzar determinados sueños.

Entonces surge una segunda pregunta: ¿Para qué estoy aquí?

La respuesta bíblica nos lleva hacia una vida que encuentra su dirección en conocer a Dios, reflejar su carácter y amar y servir a los demás. Jesucristo resumió esa dirección en dos grandes relaciones: amar a Dios y amar al prójimo.

Pero conocer nuestro propósito no elimina las incertidumbres. Seguimos teniendo que decidir qué estudiar, qué trabajo aceptar, qué relaciones construir, qué caminos abandonar o qué hacer cuando nuestros planes cambian. La Biblia no nos entrega un mapa detallado de cada decisión futura, pero sí ofrece principios que funcionan como una brújula.

La invitación es a cambiar algunas preguntas. En lugar de pensar solamente: “¿Qué quiero hacer con mi vida?”, podemos comenzar a preguntarnos:

  • ¿Para qué me dio Dios esta vida?
  • ¿En qué clase de persona me estoy convirtiendo?
  • ¿Mis decisiones me acercan a Dios?
  • ¿Estoy utilizando lo que soy para hacer bien a otros?

Tener propósito no significa necesariamente hacer algo extraordinario. Una vida aparentemente ordinaria puede tener una dirección extraordinaria.

Y ese descubrimiento conduce naturalmente a la siguiente pregunta: Si Dios está en el origen de nuestra identidad y nuestro propósito, ¿cómo podemos conocerlo?