Reflexiona

Hay momentos en la vida en que tenemos una pregunta tras otra.

Pero, además de las grandes preguntas de la vida, vienen las preguntas de cada día.

  • ¿Qué hago con mi ansiedad?
  • ¿Cómo enfrento la soledad?
  • ¿Cómo salvo una relación que se está deteriorando?
  • ¿Cómo perdono?
  • ¿Cómo atravieso un duelo?
  • ¿Qué hago después de fracasar?

También surgen preguntas sobre matrimonio, familia, dinero, trabajo, sexualidad, adicciones, crianza, tecnología, amistad, fe, dudas y decisiones difíciles.

Nuestra vida diaria no viene organizada en categorías. A veces varias de esas preguntas surgen al mismo tiempo.

Y vivimos en una cultura que nos invita a responder inmediatamente: reaccionar, publicar, discutir, comprar, decidir y seguir adelante.

Te proponemos algo diferente: detenerte, escuchar, pensar, mirar hacia dentro… y mirar hacia Dios. Eso es tomar conciencia.

No quiere decir que tendremos todas las respuestas en seguida, sino que podemos atrevernos a formular mejores preguntas:

  • ¿Qué está ocurriendo realmente dentro de mí?
  • ¿Por qué estoy reaccionando de esta manera?
  • ¿Esta decisión me hace bien?
  • ¿Hace bien a los demás?
  • ¿Qué necesito cambiar?
  • ¿A quién necesito perdonar?
  • ¿A quién necesito pedir perdón?
  • ¿Qué lugar ocupa Dios en lo que estoy viviendo?

Quizá no podamos cambiar de una vez nuestras circunstancias, pero sí podemos comenzar a replantear la manera en que las enfrentamos.

Por eso la Biblia no se presenta solamente como un libro para tratar sobre asuntos religiosos, sino como una fuente de sabiduría para caminar por la vida.

No es necesario tener todas las respuestas, pero es esencial hacernos las preguntas acertadas.

Reflexionar no es tampoco el destino final, porque llega un momento en que lo que descubrimos debe convertirse en tomar decisiones.

Entonces, la pregunta es: ¿Cómo voy a vivir?