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Caso 103

Tengo una relación amorosa con un hombre [quince años] mayor.... El problema es cuando se enoja, me insulta, me grita, y si le sigo reclamando lo que ha hecho mal, me pega....

No sé qué hacer. Ya tenemos una hijita de seis años, y él dice que si lo dejo, mi hija me lo reclamará en el futuro por «haberla dejado sin padre». Tengo miedo porque ya quiso matarse una vez ingiriendo fósforo blanco.

Consejo

Estimada amiga:

Usted es víctima de un agresor peligroso. Él la maltrata físicamente, y luego verbalmente cuando usted trata de protegerse. Al quedarse en la misma casa con este hombre, usted corre peligro, al igual que su hija. Creemos que debe dejar a este hombre hoy mismo.

Usted nos ha dado suficiente información como para saber que este hombre tiene graves problemas emocionales. Él ha intentado suicidarse, y ha empleado la amenaza de suicidio como un arma en contra de usted. La manipula para que se quede con él a pesar de que la maltrata física y verbalmente. Sin duda le dice que va a cambiar, y le ruega y le suplica que le dé otra oportunidad, pero luego vuelve a comenzar el ciclo y, sin pensarlo siquiera, la maltrata de nuevo.

¿Sabía usted que su modo de proceder le está enseñando a su hijita que el maltrato es algo que debe tolerarse? Al permitir usted que siga esa situación, ella aprende que el abuso es normal y que es de esperarse cuando crezca. Cada día ella aprende a ser impotente ante quienes quieran hacerle daño. ¿En realidad es esta la lección que usted quiere enseñarle? ¿Qué será de ella si algún día él pierde los estribos y la mata a usted? ¿Qué reclamo tendrá su hijita entonces?

Seguramente usted siente temor al pensar en lo que él pudiera hacer si lo deja. ¿Se hará daño él mismo, o tratará de hacerle daño a usted? Si usted no tiene a familiares cercanos que la protejan, busque una agencia que se especialice en ayudar a mujeres que se encuentran en su situación. Así recibirá asesoría legal y orientación para tomar las decisiones difíciles que sean necesarias.

Algunas mujeres logran alejarse de su agresor, pero luego se arrepienten de haberlo abandonado. El agresor siempre ruega y suplica, prometiendo que no volverá a hacerlo jamás y logrando así que la mujer crea que de veras lo siente. Luego la convence de que no corre ningún peligro si vuelve a su lado. Ese es un grave error. Las estadísticas revelan que los agresores no pueden cambiar sólo por querer hacerlo. Necesitan de un prolongado tratamiento psicológico intensivo.

Quisiéramos poder afirmar que las personas religiosas no tienen este problema. Pero lo cierto es que sabemos de muchos casos de agresores que van a la iglesia y dan la impresión de que tienen una relación personal con Dios. Aparentan piedad cuando están en la iglesia, pero luego vuelven a casa y maltratan a su familia. Jesucristo mismo dijo: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.»1 La voluntad del Padre celestial jamás toleraría abuso físico, verbal o emocional. Así que el asistir a la iglesia, cantar e incluso predicar pueden contribuir a que el agresor se sienta mejor, pero esas actividades no le darán la entrada al cielo.

La instamos a que se lleve a su hija y deje hoy mismo a su agresor,

Linda y Carlos Rey
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1 Mt 7:21

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