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Caso 31

Estuve a punto de quitarme la vida. He pasado noches sin dormir, llorando sin que nadie me viera. [Soy un hombre joven.] Son ya casi dos años de estar con una depresión. Mi autoestima está por el suelo. Ya me cuesta sonreír. He perdido el trabajo y mis estudios.

Me duele el cuerpo. Día a día siento que voy a acabar mal. Ya nadie puede hacer nada por mí, y yo ya no sé de dónde sacar fuerzas para salir de esto. Me siento muy débil.

¿Cómo hago para salir de esto, si con cualquier tropiezo que tenga me vuelvo a sentir mal y vuelvo a lo mismo? Necesito ser feliz, volver a sonreír como antes, a darle sentido a mi vida. ¡Por favor, ayúdenme!

Consejo

Estimado amigo:

¡Lamentamos mucho que lo haya estado atormentando la depresión! Casi nadie puede comprender lo que usted ha estado sufriendo, pero hay centenares de miles de personas que han sufrido enfermedades muy parecidas y han logrado volver a sonreír. Estamos convencidos de que usted también puede lograrlo.

La depresión es una enfermedad confusa. Casi todos los adultos han experimentado momentos de tristeza, apatía, fatiga y desesperanza. Pero ese tipo de depresión depende de las circunstancias, de modo que cuando las circunstancias cambian (o la persona se adapta a ellas), la depresión desaparece.

Sin embargo, ese no es el tipo de depresión que usted está sufriendo. La depresión que sufre usted no depende de las circunstancias en que se encuentre, sino que pudo haberse iniciado a causa de una situación desfavorable; pero luego los neurotransmisores, las sustancias químicas en su cerebro, se apoderaron de él y han llegado a ser la causa directa de su enfermedad constante. Los síntomas suyos se deben a esas sustancias químicas y no a sus pensamientos ni a alguna grave enfermedad en su cuerpo. Por esta razón usted no puede sentirse animado o imaginarse recuperado hasta lograr la sanidad, reaccionando tal como quisiera.

Usted no nos dice si ha consultado a un médico, o si ha tratado de obtener medicamentos para regular las sustancias químicas en su cerebro. Con frecuencia muchos en su situación no buscan la ayuda médica porque no comprenden la naturaleza de una depresión clínica, es decir, a largo plazo. Creen que con sólo cambiar de actitud o cambiar su manera de pensar pueden curar su enfermedad. O piensan que se volverán adictos a ciertos medicamentos.

A veces, cuando las personas deprimidas se disponen a tomar determinados medicamentos, no comprenden que las sustancias químicas en los medicamentos recetados requieren de acumularlos cierto tiempo dentro del cuerpo antes de que comiencen a surtir efecto. El plazo normal es de al menos un mes, y piensan que no debieran tener que esperar tanto tiempo. También sucede a menudo que el primer medicamento recetado a una persona no es el mejor, pero el médico no lo sabe hasta que haya pasado al menos un mes. Las personas deprimidas tienden a carecer de la paciencia necesaria para comenzar a tomar un nuevo medicamento y esperar otro mes para ver si se alivia su depresión.

Las personas clínicamente deprimidas a veces se apartan de sus amigos y de sus familiares. Por lo general, ni siquiera creen que pueden volver a pedirle algo a Dios en oración. Sienten que Dios las ha abandonado, así como los demás. Pero sepa que Dios aún lo ama a usted muchísimo. Él quiere consolarlo y protegerlo durante el proceso de recuperación, a fin de fortalecerlo y ayudarlo en momentos de angustia.1 Con eso usted puede tener la confianza de que Él está a su lado durante esas largas noches en las que no puede dormir ni dejar de llorar.

No deje de consultar a un médico tan pronto como le sea posible, y tampoco deje de tomar el medicamento que le recete. Y durante el proceso en que espera que surta efecto, haga de Dios su fiel compañero y su ayuda. Le aseguramos que Él no lo decepcionará.

Escríbanos y cuéntenos cuando se sienta mejor. También a nosotros nos interesa su bienestar.

Linda y Carlos Rey
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1 Sal 46:1

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