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Caso 63

Soy hijo ilegítimo con cuarenta y dos años cumplidos. Mi padre aún vive. Lo quiero mucho. Él siempre ha estado pendiente de mí y de mi madre, aunque nunca me ha presentado a su familia.... Su decisión ha sido mantenerme en secreto. Creo y pienso que debo respetarla....

El caso es que él ahora está muy avanzado de edad, por lo que ya casi no nos visita.... En su última visita, le hice saber mi preocupación de no saber cuándo le suceda algo lamentable. Pero él no me dijo nada; sólo se nos aguaron los ojos a ambos. Sin obtener respuesta, nos despedimos muy afligidos....

Quisiera poder ayudarle y compartir más tiempo con él, como siempre he querido. No sé si será prudente abordar la situación con su familia. No sé cómo lo tomarán sus hijos legítimos, si aparezco ahora después de tanto tiempo, como de la nada.... Sólo deseo acompañarlo. Me siento como un hijo ingrato, y sufro mucho por eso, así como cuando no lo tenía conmigo en las fiestas y eventos de mi vida.

Consejo

Estimado amigo:

¡Lamentamos mucho el dolor que le ha causado, una y otra vez, el secreto que ha tenido que guardar durante los últimos cuarenta y dos años! Cuando usted mencionó la ausencia de su padre en las fiestas y en las actividades de su vida, resaltó el hecho de que esa es una situación que le ha causado gran angustia toda su vida. Su frustrado anhelo actual de pasar más tiempo con su anciano padre no es más que la culminación del sufrimiento emocional que usted siempre ha sentido, que incluye el rechazo, las dudas de sí mismo, la ansiedad y probablemente el enojo.

No es de extrañarse que le resulte difícil admitir que tiene sentimientos negativos, tales como el rechazo y el enojo, ya que él es el único padre que usted tiene. A usted le ha tocado conformarse con lo que él le ha dado, a pesar de que no ha sido mucho. Lo poco que él le ofreció lo juzgó usted significativo porque usted necesitaba un padre. Usted se privó de tener sentimientos negativos porque no podía darse el lujo de poner en peligro ese poquito de padre que él le permitió que tuviera.

Por mucho que le duela a usted ahora, su papá tomó varias decisiones equivocadas. En primer lugar, tuvo relaciones íntimas con su mamá sin la ventaja que ofrece el matrimonio. Luego decidió que no le diría nada a su familia acerca de la existencia suya. Después de años de guardar esos secretos, se le hizo cada vez más difícil reconocer la primera decisión terrible que había tomado, y luego la segunda. Sin duda él se había formado una imagen de sí mismo con su esposa y sus hijos que la revelación de la existencia suya hubiera destruido.

No podemos decirle a usted lo que debe hacer ahora. La decisión es suya. Si usted decide revelarle su identidad a la familia de su padre, tendrá el mismo efecto que si tratara de vengarse de él. El trauma emocional en la vida de ellos no se comparará con el dolor que usted ha sentido, pero así usted dejará de ser una sombra. En cambio, si decide seguir respetando la decisión de su padre de mantener en secreto su existencia, entonces debe conservar el recuerdo de esa última vez que se vieron como su último adiós, y seguir adelante con su propia vida.

¿Cómo puede usted dejar de sentir ese dolor? Eso no es posible. Pero sí puede aprovechar las lecciones que le ha costado tanto aprender y convertirlas en algo de beneficio para otro niño que haya sido abandonado por su padre. Tal vez haya un niño en su cuadra que no tiene padre. Usted puede dedicarle tiempo para ayudarle a que aumente su autoestima. Puede llevarlo a ver un juego de pelota o jugar a la pelota con él en la calle. Ese niño necesita tener a una figura paternal en su vida que le sirva de ejemplo, igual que lo necesitó usted. Hágase presente, asistiendo a sus celebraciones y a sus actividades especiales, desde luego con el consentimiento de la mamá del niño.

Nuestro Padre celestial es padre de los huérfanos,1 y quiere ser el padre que usted nunca ha tenido. Hable con Él como quisiera haber podido hablar con su padre biológico. Él es el único que puede sanar las heridas de su corazón. Le aseguramos que Él nunca lo abandonará.

Le deseamos lo mejor,

Linda y Carlos Rey
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1 Sal 68:5

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