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Caso 150

Me sucedió que dejé de sentir interés por mi mujer y me volví un comprador compulsivo. En vez de aportar a la cuenta que teníamos en común, era el que más gastaba. Una y otra vez ella me advirtió que encendiéramos la chispa de nuestra relación y, en vez de atender a sus peticiones, seguía empecinado en gastar cada día más y más, hasta que me acabé el último centavo de la cuenta bancaria.

Un día ella no soportó más la situación, y explotó la violencia. ¡Fue horrible! Yo jamás le había hecho daño físico a nadie y, cuando se lo hice a ella, me sentí de lo peor. Quería morirme, y me preguntaba una y otra vez por qué para gastar en cosas innecesarias sí tenía dinero, pero para atender a sus peticiones no. Nunca puse ni la más mínima atención cuando ella me comentaba algún problema en su trabajo o de salud, y ahora lamento todo lo que no hice bien.

Consejo

Estimado amigo:

Gracias a Dios, su conciencia ha cumplido la función con la que fue diseñada, y usted lamenta y se arrepiente de la forma en que ha herido a su esposa y se ha perjudicado a sí mismo. Usted ha tomado malas decisiones una tras otra que lo han llevado a proceder muy mal, pero su conciencia le está indicando que ya es hora de cambiar de dirección, reparar el daño que le ha hecho a su esposa, y comenzar a tomar decisiones sanas y positivas a fin de reconstruir su vida.

Nunca debe haber violencia en el hogar. No sabemos si tiene hijos que fueron testigos de lo que usted hizo, ni cuánto ha lastimado a su esposa, ni si ella lo ha abandonado. Usted dice que nunca le había hecho daño físico a nadie, y esperamos que nos esté diciendo la verdad. Sin embargo, creemos que toda mujer (y todo hombre) víctima de maltrato físico debe dar parte a las autoridades y tomar medidas para protegerse. Usted le ha dado a su esposa razón para desconfiar de usted y tenerle miedo. No es de esperarse que ella se reponga inmediatamente de eso.

Cualquier persona que gasta el dinero de forma compulsiva, pero que quiere cambiar su manera de ser, debe entregarle al cónyuge que no tiene ese problema todo el dinero en efectivo, todo cheque recibido, las tarjetas de crédito y de débito, y las chequeras. Saque la cuenta de lo que necesita cada semana para los gastos necesarios, y pídale a su esposa que le dé esa suma de dinero en efectivo. Ella puede encargarse de todo lo demás. Entre los dos pueden decidir los gastos de mayor cuantía.

Usted ha sido muy egoísta, no sólo con su dinero sino también con sus atenciones. Si quiere salvar su matrimonio, debe comenzar a manifestar más interés en la vida de su esposa. Separe unos cinco a diez minutos cada noche para que ella le cuente acerca de los sucesos del día, mientras usted escucha atentamente todo lo que ella le diga. Luego de que ella ha tenido tiempo para contarle, hágale preguntas y dele la oportunidad de contestar mientras usted escucha su respuesta con mucha atención. Y no le ofrezca ningún consejo a no ser que ella se lo pida, ni la critique por nada que debió o no debió haber hecho.

Le será muy difícil dejar de ser el hombre en que se ha convertido. Pero hay Alguien que quiere ayudar a cambiarlo de adentro hacia afuera. Si de veras está arrepentido de la manera en que ha quebrantado las leyes de Dios, pídale, en el nombre de su Hijo Jesucristo, que le perdone todos los pecados que usted ha cometido. Él borrará toda constancia de lo malo que usted haya hecho y le perdonará de modo que no tenga que sufrir el castigo que merece. Sin embargo, no eliminará las consecuencias naturales que usted debe afrontar al reparar la relación con su esposa o al reparar su situación económica. Dios puede mostrarle a diario qué pasos dar para que su esposa vuelva a tenerle confianza.

Le deseamos lo mejor,

Linda y Carlos Rey

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