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Caso 249

Me corté las manos con una navaja y tomé pastillas. Lo hice en frente de mi esposo, y estuve en el hospital.... Después de salir, caí en depresión severa, culpándome y creyendo que Dios me iba a castigar quitándome la vida de verdad y mandándome al infierno.

Desde entonces, ni un solo día dejo de pensar en la muerte. Tengo mucho miedo de no saber a dónde voy a ir.... Creo que todo es pecado.... No sé cómo dejar esto atrás y seguir sin temores. Creo que si no voy un día a la iglesia, Dios se va a enojar conmigo. Perdí cuarenta libras en muy poco tiempo. ¡Eran horribles las noches y los días! Me consumí pensando en el purgatorio.... Me arrepiento. Estoy bajo ayuda psiquiátrica y medicamento, el cual no quiero. Yo quiero salir de esto con la ayuda de Dios.

Consejo

Estimada amiga:

En definitiva, usted está pasando por un tiempo muy difícil. Nos alegramos de que nos tenga la confianza para ayudarla a superarlo.

En primer lugar, es muy importante que comprenda que hay dos asuntos distintos que usted ha mezclado como si fueran uno solo. Lo que de veras está afrontando es un problema químico, es decir, físico, como también un problema espiritual. Nosotros no podemos ayudarla con el desequilibrio de sustancias químicas en su cuerpo, pero estamos muy contentos de que está bajo el cuidado de un médico. No deje de tomar la medicina que el médico le ha recetado, y comprenda que usted la necesita tanto como algunos necesitan medicina para contrarrestar la presión arterial alta. Su médico sabrá cuándo se haya resuelto el desequilibrio en su cuerpo, así que hasta entonces tome la medicina y no se ponga ansiosa por eso.

El segundo asunto es espiritual. Usted sostiene algunas creencias muy distorsionadas acerca de Dios que le están causando toda esa angustia. Usted concibe a Dios como un Juez vengativo, que se complace en castigarla y desea mandarla al infierno. ¡En eso sí que está totalmente equivocada!

Cuando los padres disciplinan a sus hijos y les imponen un castigo como consecuencia de alguna infracción que hayan cometido, ¿acaso eso significa que quieren que esos hijos fracasen o que ellos como padres se complacen en el castigo que les toca aplicar? ¡Claro que no! Los padres aman a sus hijos, y sólo se valen de reglas de comportamiento y de consecuencias por no cumplirlas a fin de ayudar a cada uno a aprender a llevar una vida segura y feliz.

Dios, nuestro Padre celestial, nos ama tanto que nos ha preparado el camino. Él sabía que íbamos a pecar y a quebrantar las reglas, así que envió a su único Hijo para que recibiera nuestro castigo.1 De modo que no tenemos que ir al infierno o al purgatorio, ni ser castigados, porque Cristo ya pagó por todo nuestro pecado. Cuando le pedimos a Dios que perdone nuestros pecados en el nombre de Jesucristo, Dios nos perdona porque ha prometido hacerlo. Debido a que es «fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad».2

Una vez que Dios ha perdonado nuestros pecados, comenzamos a cultivar una relación con Él. Vamos a la iglesia y leemos la Biblia no para evitar que Él se enoje sino porque queremos llegar a conocerlo mejor. La única manera de conocer la verdad acerca de Dios es leer su Palabra nosotros mismos. Comience hoy mismo a leer el Nuevo Testamento, y Dios le mostrará lo que de veras siente por usted.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Jn 3:16
2 1Jn 1:9

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