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Caso 173

En mi tercer año de universidad, tuve relaciones sexuales con un hombre, y he continuado desde entonces con [otros hombres]. No quiero [hacerlo], y le pido a Dios que me ayude; pero la ayuda no llega.

En el 2009, la prueba de VIH salió positiva. Nadie de mi familia... lo sabe. No quise causarles ese dolor, y ahora que me voy a morir, menos.

No sé qué hacer. Por más de diez años he clamado a Dios, pero no me ha escuchado. ¿Qué hago? ¡Ayúdenme!

Consejo

Estimado amigo:

Lamentamos mucho el diagnóstico que recibió. Le instamos a que les diga a sus padres que tiene esta enfermedad a fin de que ellos puedan consolarlo durante los tiempos difíciles que va a afrontar en los días venideros. Claro que quedarán devastados al enterarse, pero vale la pena que les dé la oportunidad de mostrarle que lo aman y que quieren ayudarlo. Hay algunas excepciones, pero casi todos los padres perdonan a sus hijos sin que importe lo que hayan hecho.

Usted dice que no quiere tener relaciones sexuales con otros hombres. Sin embargo, desde la primera vez en que cedió a la tentación, la atracción ha aumentado y le ha costado cada vez más trabajo resistirla. A pesar de haberle pedido a Dios que impida que usted sea tentado, le parece que Él no le ha escuchado.

Así mismo quienes cometen adulterio dicen con frecuencia que no querían hacerlo. Luego de ceder la primera vez, les fue cada vez más fácil seguir cultivando su relación ilícita. Jugadores, alcohólicos y fumadores empedernidos experimentan la misma incapacidad para resistir la tentación. Cualquier hábito, incluso el de morderse las uñas, que es moralmente aceptable, puede parecer imposible de vencer.

Jesucristo dijo: «Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil.»1 En esa breve declaración, descubrimos la razón por la que usted ha seguido haciendo lo que no ha querido hacer, y por qué otras personas, al igual que usted, siguen haciendo lo que no quieren hacer. Cuando Cristo dijo: «El espíritu está dispuesto», Él reconoció que aun cuando tengamos buenas intenciones, puede fallar nuestra naturaleza humana. Jesús empleó el verbo «caer» para describir el proceso mediante el cual una persona tropieza y cae de bruces al suelo, y se encuentra tal vez sucia y herida, en una situación que no había planeado.

¿Cómo se evita el caer cuando se camina sobre terreno disparejo? Cristo dijo que para no caer hay que estar alerta y orar. El mantenerse alerta implica estar pendiente del sendero que está por delante, tratando de pisar el terreno más seguro con cada paso que se da. El orar implica pedir dirección, como cuando uno pregunta: «¿Cuál sendero debo tomar para estar seguro de no caer?» Dios siempre contesta esas oraciones al mostrarnos con claridad cuál sendero es peligroso y cuál es seguro, pero Él nunca nos obliga a escoger el sendero seguro.

Para resistir la tentación, es necesario ver los obstáculos que hay por delante y trazar un plan para evitarlos. El reconocer los lugares en que es más fuerte la tentación hace posible que dejemos de ir a esos lugares. Es posible que evitemos meternos en problemas con sólo mantenernos alejados de las personas que pudieran hacernos tropezar. Muchas veces también necesitamos pedir ayuda cuando vemos el peligro. El contarle a una persona de confianza la tentación que estamos sufriendo nos ayudará a evitar los escollos del camino.

Cuando con nuestra conducta quebrantamos las leyes de Dios, debemos también pedirle a Él que nos perdone. Esa es una oración que Él está esperando escuchar y que está dispuesto a responder.

Le deseamos éxito,

Linda y Carlos Rey
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1 Mt 26:41

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