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Caso 23

Yo padezco de ira, y golpeé brutalmente a mi hijo de tres años. Estoy arrepentida; pero cuando me enojo, no me puedo controlar.

¡Ayúdenme! No sé qué hacer. Siempre me prometo que no lo haré más, y vuelvo a caer en lo mismo.

Consejo

Estimada amiga:

El rey Salomón, uno de los hombres más sabios de la historia, dijo: «El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla.»1 Usted ha reconocido que sabe que no es correcto golpear a su hijo, pero tal vez no haya pensado que hacerlo es señal de necedad. El necio carece de sentido común y de buen juicio. El sentido común le hubiera indicado a usted que su falta de dominio propio manifestado en repetidas ocasiones en el pasado es prueba de que volverá a ocurrir una y otra vez. El buen juicio le hubiera mostrado que, si no puede dominarse, debe evitar toda situación en la que pudiera tener la oportunidad de golpear a su precioso hijito.

¿Qué tiene que ocurrir para que usted deje de golpearlo? ¿Que alguien se entere de lo que usted está haciendo y la acuse ante las autoridades? ¿O que usted finalmente vea a sus pies el cuerpo inerte de su hijo?

Examinemos por qué usted se desahoga con violencia, descargando su ira y frustración en un indefenso niño de tres años que le tiene una confianza ciega. Es evidente que hay problemas en la vida de usted que la hacen sentirse muy frustrada. Con el paso del tiempo, la frustración se ha convertido en ira que se ha avivado dentro de usted como leña que se sigue echando al fuego. Ahora hay una hoguera ardiente que se ha formado adentro y que de alguna manera ha logrado dominar en todas o en la mayor parte de sus relaciones. Pero cuando está sola con su hijito, usted cree que él la amará, pase lo que pase. Y sabe que él no puede hacer nada para impedir que usted lo siga golpeando. Así que el fuego de la hoguera que arde dentro de usted estalla, y las chispas que arroja queman a quienes usted más ama.

Usted nos imploró que le ayudáramos, ¡y ahora nosotros le rogamos que siga nuestro consejo! En primer lugar, nunca debe estar sola con su hijo. No sabemos si usted tiene esposo. Pero si lo tiene, él debe proteger al niño cuando usted está por agredirlo. Y si alguna vez lo ha maltratado frente al esposo o frente a otro miembro de la familia sin que éstos hayan intervenido a fin de proteger al niño, entonces debe evitar estar sola con el niño y con esa persona. Si para lograr esto usted tiene que pedirle a una amiga o a un familiar que viva en su hogar, debe usted hacerlo de buena voluntad porque quiere lo mejor para su familia. Haga lo que sea necesario para impedir que se presente otra oportunidad para desahogarse agrediendo a esa indefensa criatura.

Si le es posible consultar a un psicólogo, pida una cita hoy mismo. Si no, busque un grupo de apoyo compuesto de personas que también están luchando por dominar la ira. Entre ellos tendrá la oportunidad de regar agua sobre ese fuego interno que la ha estado consumiendo y de tratar de apagarlo por completo.

El apóstol Pablo nos aconseja: «Si se enojan, no pequen.»2 Con esto aclara que  es posible enojarse sin llevar el enojo a la práctica de un modo pecaminoso e hiriente. Dios le ayudará a lograrlo si se lo pide, como también le será de ayuda un grupo de apoyo para dominar la ira. Pero le rogamos que comprenda que esta es cuestión de vida o muerte, y que usted debe hacer mucho más que pedirle perdón y ayuda a Dios y luego decirle a todo el mundo que está arrepentida. No basta con decir que está arrepentida. Debe demostrar que está realmente arrepentida al dar los pasos radicales y difíciles que garanticen que esto nunca volverá a ocurrir.

¡Comience hoy mismo!

Linda y Carlos Rey
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1 Pr 29:11
2 Ef 4:26

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