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Caso 34

Soy una mujer casada sin hijos. Soy estéril. Dios me ha dado un buen esposo, responsable, fiel, y me quiere mucho. Yo lloro mucho y le pido a Dios que nos bendiga con un hijito. He estado en varios tratamientos médicos sin tener un buen resultado. No he perdido las esperanzas de llegar a ser madre.

Consejo

Estimada amiga:

El dolor que usted está sintiendo es evidente en su mensaje. Lamentamos que hasta ahora no haya podido realizar su sueño. Tristemente, hay millones de familias que sienten ese mismo vacío.

Permítanos contarle acerca de varios amigos nuestros que se encontraban en la situación en que se encuentra usted. Después de años de tratamientos médicos que no dieron resultado, todos decidieron adoptar a un niño. Si bien es cierto que pudiera ser un proceso largo y complicado, la adopción ha llenado a cabalidad el vacío que había en el hogar y en el corazón de cada uno de ellos.

Nosotros mismos adoptamos a tres niños, un bebé de seis meses y dos niños mayores, de diez y once años de edad. ¿Por qué? Porque hay miles de niños que no tienen padres, y nosotros teníamos mucho amor que ofrecer. Dios nos bendijo al darnos un matrimonio sólido y una vida feliz. ¿Cómo no habríamos de querer compartir esa bendición con niños que, sin culpa alguna, se han quedado sin familia?

Usted puede pasar el resto de su vida lamentando la falta de niños que tal vez nunca nazcan. O puede invertir esa energía en amar a niños verdaderos que con urgencia necesitan un hogar. Adoptar a bebés puede resultar muy costoso, mientras que adoptar a niños mayores bien pudiera ser subvencionado por la agencia de bienestar familiar de su país. Y los requisitos para adoptar a niños mayores por lo general son mucho menos difíciles que los que las agencias estipulan para adoptar a bebés.

Dios nos ha bendecido mucho, y creemos que se debe en parte a lo que dice el apóstol Santiago acerca de la importancia que tiene el atender a los huérfanos y a las viudas.1 El permitir que un huérfano forme parte de su familia, y así cambiar la vida de ese huérfano para siempre, llenará el vacío que hay en su hogar y, al mismo tiempo, mostrará que usted quiere agradar a Dios.

Sin embargo, no se limite a los huérfanos; abra los ojos y observe a los niños que la rodean. Es probable que en su vecindario haya niños que no tienen a dónde ir después de la escuela, así como niños que tienen padres que los están desatendiendo o maltratando. Aunque tal vez usted no pueda integrar a esos niños a su familia, no hay duda de que puede llenar necesidades en la vida de ellos que cambiarán el destino que llevan. Es posible que usted pueda ayudarles con sus tareas escolares, ofrecerles una sopa o algo de comer, o darles un lugar seguro cuando no hay adulto que cuide de ellos.

¿Es arriesgado invitar a un extraño a que forme parte de su hogar? ¡Claro que sí! ¿Puede uno buscarse un problema que nunca antes hubiera esperado? ¡Sin lugar a dudas! Pero recuerde que el tener un hijo biológico comprende mucho del mismo riesgo. Los hijos biológicos pueden tener impedimentos físicos, mentales o emocionales. Pueden causar una agitación indecible en cualquier familia. El sólo hecho de que tengan una relación biológica con usted de ninguna manera garantiza que serán como usted, que le harán caso o que llegarán a ser los adultos que usted quisiera que fueran.

Un niño necesitado está esperando recibir el amor que usted tiene para darle,

Linda y Carlos Rey
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1 Stg 1:27

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