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Caso 73

Era yo de ocho años de edad cuando un joven de aproximadamente diecisiete años abusó de mí sexualmente. No lo conté a nadie, ni [siquiera] a mi madre.... Desde entonces no confío en los hombres.

Ahora tengo veintiún años de edad. Tengo muchos amigos, pero no dejo de desconfiar de ellos, pues tengo mucho miedo, miedo a que alguien ponga otra vez sus manos en mi cuerpo. Muchos jóvenes me pretenden, incluso me proponen matrimonio, pero no quiero que se me acerquen mucho.

¿Cómo hago para poder de alguna manera olvidar lo que pasó aquel día? Pues no quiero vivir odiando siempre a los hombres. Quiero poder acercarme a algún joven sin temor a que me pase algo malo. ¿Qué puedo hacer?

Consejo

Estimada amiga:

¡Cuánto lamentamos la horrible experiencia que usted sufrió hace trece años, y las consecuencias que sigue sufriendo todavía! Lo primero que necesita saber es que lo que está experimentando es un problema común entre las víctimas de abuso sexual. Miles de víctimas han logrado superar sus temores, y le aseguramos que usted también podrá lograrlo. La recuperación no es fácil ni rápida, pero estamos convencidos de que puede obtenerla.

Uno de los problemas en su caso en particular es que usted no se lo contó a nadie. Como niña, usted estaba tratando de protegerse al guardar el secreto. Pero como adulta, el secreto tiene que revelarse para que usted pueda afrontarlo. Si tiene una médica a la que consulta con cierta frecuencia, esa es la primera persona a quien debe contarle lo sucedido. Ella puede recomendarle a una terapeuta profesional que tenga la preparación para ayudar a víctimas de abuso sexual. Sin embargo, si por cualquier razón usted no puede consultar a una terapeuta, es imprescindible que busque a otra persona a quien contárselo. Si no tiene a ningún miembro de la familia en quien pueda confiar, entonces cuéntele a una amiga seria y prudente. Escoja a una que sepa escuchar a otros y guardar un secreto. Seleccione por adelantado un lugar seguro donde puedan encontrarse para hablar acerca de lo que le sucedió a usted, donde no haya que preocuparse de que alguien pudiera oírlas.

A los ocho años de edad, usted sabía que lo que ocurrió era malo, pero no tenía la lógica para comprender que no era culpa suya. Ahora que es adulta, puede comprender que no tiene nada de qué estar avergonzada. Usted no hizo nada malo. No hay nada por lo que tenga de qué sentirse culpable. Así que no hay razón alguna para guardar el secreto a sus seres queridos. Una vez que se lo haya contado a alguien, será más fácil contárselo después a cualquier miembro de su familia o a una amiga íntima.

Debido a que usted dice que tiene muchos amigos, podemos dar por sentado que lleva una vida relativamente equilibrada en casi todos los demás aspectos. Muchas niñas que han sido víctimas de abuso pierden su dignidad y como resultado adoptan un promiscuo estilo de vida sexual. Nos alegra mucho saber que eso no le sucedió a usted. Ese tipo de comportamiento amontona un problema sobre otro, y muchas veces resulta en un embarazo no deseado o en una enfermedad venérea.

Es bueno que una joven soltera no permita que los hombres la toquen. Usted se ha mantenido pura para ese hombre especial con el que ha de casarse algún día. Pero aún antes de considerar siquiera el matrimonio, usted debe llegar a conocer a ese hombre a tal grado que pueda ser sincera con él sin temor alguno. Él necesita saber lo que le pasó a usted y, si es el que a usted le conviene, reaccionará con tanta paciencia y amabilidad que usted podrá confiar en él. Mientras tanto, exija que los hombres la respeten de manera que guarden la distancia que usted necesita.

Hay Otro con quien usted puede hablar cuando quiera sin temor alguno. Él ya sabe lo que le ocurrió, pero está esperando a que usted le pida ayuda. Él la creó, la ama y siente una compasión profunda por lo que le ha sucedido.1 Hable con Dios hoy mismo en oración. No hay razón alguna para seguir esperando.

Le deseamos que se sane por completo,

Linda y Carlos Rey
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1 Sal 145:9

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