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Caso 17

[Ocurrió] en mi trabajo, que es en una cafetería.... Estaba yo sola atendiendo a las personas cuando llegaron dos jóvenes a comprar y, por un descuido, uno de ellos olvidó su cartera. Se dieron la vuelta y se retiraron. Yo vi que la cartera estaba ahí. Rápido la agarré y la puse debajo de la mesa. Hice como si no hubiera pasado nada. Yo pensé que tenía poco dinero, pero fue todo lo contrario. Al darme cuenta de que tenía mucho dinero, yo pensé más en devolverla. Por sus documentos, me di cuenta de que el joven era de otro país.

Luego ellos andaban buscando la cartera, pero yo les dije que no: ahí no la habían dejado. Cuando nadie me observaba, tiré la cartera a un basurero.... Solamente saqué el dinero. Sé que lo que hice está mal. Me arrepiento en gran manera... No pude vencer la tentación. No sé qué tan grande sea el daño que le causé a ese joven, pero me arrepiento y le pido a Dios que me perdone y me dé fuerzas para no cometer un error más.

Consejo

Estimada amiga:

Es bueno que usted esté arrepentida por lo que hizo. Sin embargo, el decir que está arrepentida vale poco si es sólo como una excusa, es decir, una manera de rectificar la situación sin mucho esfuerzo. Y no vale nada si usted no está totalmente arrepentida por lo que hizo, de modo que si se le presentara de nuevo la oportunidad, no dudaría en hacer lo correcto.

Mediante algunos detalles interesantes de su caso, usted nos revela su manera de pensar. Dice que «pensó más» en devolver la cartera cuando se dio cuenta de que tenía mucho dinero. ¿Cree usted que robar objetos de mucho valor es más malo que robar objetos de menos valor? ¿Está bien robar el salario de una hora de trabajo, pero no el de veinte horas? ¿Quién tiene el derecho de juzgar cuándo es malo robar? El octavo mandamiento no dice: «No robes nada que valga más de cinco monedas de oro.» Al contrario, nos manda que no robemos nada en absoluto, jamás. 1 Ya sea una fruta o un anillo con diamante lo que uno robe, de todos modos con eso quebranta el mandamiento, y el quebrantar el mandamiento es pecado.

Usted dice que tuvo tiempo de pensarlo antes de que los dos jóvenes volvieran a la cafetería. Tuvo tiempo de lamentar lo que había hecho. Tuvo otra oportunidad de hacer lo bueno, y sin embargo no se arrepintió ni cambió de proceder. Cuando ellos regresaron, usted mintió. Fue así como quebrantó el noveno mandamiento. 2

Al darse cuenta de que el joven tenía en su cartera documentos que lo identificaban como extranjero, usted tiró a la basura todo menos el dinero. Aun habiéndose quedado con el dinero, usted pudo haberse comunicado con el joven y haberle devuelto los documentos. O pudo haberle enviado los documentos por correo. Pero es evidente que a usted no le importó el trabajo que le costaría a él reponerlos. Ni le importó si él había estado ahorrando ese dinero largo tiempo con un fin especial. Usted no pensó en la situación en que se encontraba él, sino sólo en la suya. Usted deseaba tener lo que él tenía, y no le importó que él resultara perjudicado. Fue así como quebrantó el décimo mandamiento. 3

Usted quebrantó tres mandamientos a la vez, uno tras otro. Por haber deseado lo que tenía otra persona, usted hizo lo que juzgó necesario —robar— para obtenerlo. Y el robar la llevó a mentir. Cada pecado la llevó a cometer el siguiente. Así es el pecado. Siempre lo lleva a uno, paso a paso, por el sendero equivocado. ¿Y ahora cómo puede resolverse esto?

Todo depende de su estado de ánimo. ¿De veras está arrepentida? Si lo está, entonces puede pedirle perdón a Dios, y Él la perdonará. Pero esta vez eso no basta. Usted debe demostrar que está realmente arrepentida al cambiar su manera de actuar. Debe devolver todo lo que haya robado en el curso de su vida. Tal vez no le sea posible en todos los casos devolverles lo robado a las personas afectadas, pero sí puede dárselo a los menos afortunados que usted. Al que ha robado, el apóstol Pablo le aconseja «que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados». 4 Si usted tiene casa y comida, entonces puede ayudar a los hambrientos y a los desamparados.

Usted también debe buscar a una persona de confianza a la que pueda contarle las tentaciones que tiene. Si usted sabe que esa persona le pedirá cuentas de su conducta, lo más probable es que usted no vuelva a robar. Manténgase en contacto con esa persona mientras siga sintiendo la tentación de robar. Si usted puede acudir a un consejero profesional, le recomendamos que aproveche esa opción.

¿Puede imaginarse cómo se sentiría si fuera usted quien dejó la cartera en su cafetería? ¿Cómo se sentiría si la persona desamparada fuera usted? Le recomendamos que se esfuerce por ponerse en el lugar de los demás a fin de experimentar lo que es vivir desde la perspectiva de otra persona.

Al contarnos su caso, usted ha dado el primer paso correcto. Ahora esperamos que dé los siguientes pasos que le hemos recomendado, no sólo para descargar su conciencia sino también para arreglar sus cuentas con Dios y con los demás.

Con afecto fraternal,

Linda y Carlos Rey
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