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Caso 307

Por años he luchado con el recuerdo de las discusiones entre mis padres, donde mi madre fue víctima de la ira y las malas palabras por parte de mi padre....

Hoy casado y con tres hijos, debo reconocer que he fracasado, ya que repito ese patrón con mi esposa. Pero lo acontecido en la última discusión sobrepasa todo registro. La presión que ejerce mi esposa sobre mí, ya que no gano lo suficiente, y sus palabras ofensivas me hicieron explotar al punto que, frente a mi hijita de cinco años, rompí la escoba. Y por si fuera poco, lo mínimo de respeto que nos teníamos se acabó cuando mi esposa tomó un cuchillo y, también frente a mi hija, me amenazó y prácticamente me corrió del apartamento....

Me siento muy mal conmigo mismo y con mi esposa y mis hijos. No sé cómo enfrentar esta situación.

Consejo

Estimado amigo:

Ha hecho lo correcto al pedir ayuda. Los problemas que describe indican que la comunicación que usted tiene con su esposa se ha deteriorado a tal grado que ya no están escuchándose el uno al otro. La frustración que sienten por no escucharse lleva a cada uno a tomar medidas cada vez más extremas a fin de lograr que el otro le preste atención. Ese ciclo no hará más que empeorarse si no le ponen fin ahora mismo.

También es razón para alarmarse el hecho de que su hija haya presenciado esa violencia familiar. Como niña, ella necesita un ambiente estable y seguro. Lo que usted está describiendo es todo lo contrario, causando inseguridad y temor. Las consecuencias de esas emociones dañinas pudieran durar toda una vida, como usted bien lo sabe. La mente joven de ella pudiera buscar opciones para afrontar el estrés, incluso mostrar varios comportamientos negativos y hasta sufrir enfermedades emocionales. Eso debiera motivarlos aún más a resolver los problemas que tienen para comunicarse.

Ninguno de los dos ha aprendido a comunicarse de un modo positivo. Deben buscar ayuda profesional de inmediato. No sabemos qué recursos hay a su disposición en su país, así que le recomendamos que consulte con un consejero matrimonial que sea profesional, o acuda a un centro comunitario de salud mental, o hasta pídale a su médico que lo refiera a algún consejero. El problema suyo no se resuelve con un breve consejo ni con una serie de pasos a dar. Le exhortamos a que busque ayuda ya mismo.

El apóstol Pablo nos enseña que la esposa debe respetar al esposo y que el esposo debe amar a la esposa tal como Jesucristo, el Hijo de Dios, amó a la iglesia.1 Pero la situación en que se encuentra usted tiene una carga emocional de tan alto voltaje que está haciendo caso omiso de Dios y de los principios bíblicos. Dios no habrá de enseñarle de modo sobrenatural cómo comunicarse con eficiencia, ni reparará instantáneamente el daño que usted ha estado causando al violar esos principios. Le animamos a que salve su matrimonio, por el bien de sus hijos, aunque ya no sientan que se aman mutuamente. Si disolvieran su matrimonio e insistieran en volver a casarse, cada cual comenzaría su próximo matrimonio con los mismos problemas, causándoles aún más trastorno a sus hijos. Así que resuelva que va a cumplir con sus votos nupciales y a poner todo su empeño en mejorar su relación conyugal.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Ef 5:24-25

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