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Caso 363

Estoy destrozado. Tengo treinta y cinco años. Tuve una crianza y enseñanza de vida muy buenas. Jamás había tocado ni tan siquiera un cigarro ni alcohol. Trabajé toda mi vida. Es lo que me enseñaron mis padres. Así pude llegar a tener con sólo treinta años mis cuatro negocios propios....

Hace dos años conocí el peor castigo que pueda existir. El dinero y la comodidad me jugaron en contra, y gente a la que no critico, ya que ellos están enfermos igual que lo estoy yo ahora. La maldita cocaína me sentenció y me llevó a ese infierno que sólo el adicto conoce.... Perdí a mis amigos. La droga me aisló de lo bueno, me acercó al infierno. En tan sólo seis meses perdí todos mis negocios, dos autos y las ganas de vivir. Nunca imaginé que me quedaría sin nada.... Hoy en día toqué fondo.... La angustia crece cuando la droga se va acabando y sólo se piensa en cómo hacer para poder buscar más. Estoy al borde de la depresión. La vida no tiene más sentido para mí.

Consejo

Estimado amigo:

¡Sentimos mucho lo que le está pasando! Y nos entristece saber que sus decisiones han afectado a toda su familia. Es importante que no pierda de vista que usted no es el único que está destrozado; su amada familia también está sufriendo.

Usted dice que el dinero, la comodidad y ciertas personas (a las que sin duda consideraba amigas) jugaron en su contra y fueron factores que contribuyeron a su vicio. Las personas que carecen de recursos económicos creen que, si sólo tuvieran más dinero, con eso se resolverían todos sus problemas. Las personas solitarias creen que, si sólo tuvieran amigos, su vida sería mejor. Y sin embargo usted tenía todas esas cosas buenas, así como su feliz y saludable vida pasada, y a pesar del éxito y de los logros que obtuvo, es obvio que sintió que algo faltaba.

En su caso usted salta de todo lo ganado a todo lo perdido, y no nos cuenta acerca de la primera vez que decidió usar la droga. ¿En qué estaba pensando ese momento? ¿Qué hacía falta en su vida?

Desde luego que no hubiera optado por echarlo todo por la borda a cambio del tormento que ahora está sufriendo. Sin embargo, en ese momento usted tomó esa mala decisión y lo arruinó todo.

Ahora que reconoce que es un vicioso y que no quiere seguir con ese estilo de vida, es necesario que busque ayuda. En primer lugar, reconozca que lo que faltaba en su vida entonces, y lo que falta ahora, es una relación personal con su Creador. Pídale a Dios, en el nombre de su Hijo Jesucristo, que le perdone los pecados que ha cometido y que le dé la sabiduría y la fuerza para dar los siguientes pasos. Luego pídale perdón a su familia, como también que lo ayuden a encontrar un programa que ofrezca tratamiento para su vicio. La adicción a la cocaína no se vence con determinación y deseo nada más. Sin un estructurado programa de tratamiento médico, tiene pocas esperanzas de vencer ese hábito. Acuda a agencias del gobierno o busque otros recursos en su país para obtener el tratamiento que necesita. ¡No se dé por vencido! Si insiste, recibirá la ayuda necesaria.

Le deseamos lo mejor,

Linda

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