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Caso 55

Mi esposo y yo somos un matrimonio joven. Él tiene veintiséis años y yo veintitrés. Estamos casados hace seis años y tenemos dos niñas.

El problema en nuestro matrimonio es mi papá. Él no nos deja tomar decisiones, sino que siempre termina tomándolas por nosotros. Yo soy hija única, y creo que él lo hace por miedo a que nos equivoquemos.

Consejo

Estimada amiga:

¡Qué maravilloso es tener a dos hombres que la aman mucho! Tanto su padre como su esposo están tratando de protegerla de la mejor manera posible. Sin embargo, surgen problemas cuando ellos no están de acuerdo en cuanto a lo que más le conviene a usted y a su familia.

La información más importante que no nos reveló es si usted ha hecho algún arreglo económico con su padre en cuanto a la pequeña familia que usted ha formado con su esposo. ¿Está viviendo usted en la casa de su padre? ¿La ayuda él con el pago de sus cuentas? ¿Depende usted de su padre económicamente de alguna manera?

Esto tiene mucha importancia debido a que, cuando los padres de uno lo ayudan económicamente, uno asume el papel de un niño. Al permitir que su padre pague el alquiler, sus estudios o las cuentas, usted vuelve a someterse a su cuidado como cuando era niña. Con eso usted le da a su padre el permiso necesario para entremeterse en sus asuntos personales. De modo que si usted recibe ayuda económica alguna de parte de su padre (o vive en la casa de él), no hay ninguna solución para lograr que él deje de interferir en su vida. En vez de preocuparse por eso, usted y su esposo debieran esforzarse más bien por elaborar un plan para sostenerse ustedes mismos y librarse así de esa dependencia económica.

Pero si, por el contrario, usted no recibe ninguna ayuda de parte de su padre, será mucho más fácil resolver su problema. En tal caso, no hable acerca de ninguna decisión en presencia de su padre. No hable con él acerca de su economía personal ni de su situación doméstica. Si él le hace preguntas al respecto, recuérdele con bondad y ternura que usted y su esposo son un matrimonio y que, por consiguiente, les conviene mantener algunos de esos asuntos en privado. Tal vez al principio hiera sus sentimientos al decírselo, pero con el tiempo él comprenderá que usted está actuando con sabiduría.

Como en todos los conflictos familiares, le aconsejamos que diga la verdad con amor. El sabio Salomón nos recuerda en uno de sus proverbios que «el testigo verdadero jamás engaña».1 Así que no engañe a su padre a fin de tener la privacidad que anhela, sino sea más bien veraz con él en todo lo que dice. Cada vez que hable con él, trate de comenzar la conversación diciéndole lo mucho que lo ama y lo aprecia, y trate de terminarla diciéndole una vez más lo mucho que lo ama y lo aprecia. Pero entre las dos declaraciones, hágale saber con firmeza que usted ha resuelto no hablar de sus asuntos personales cuando él esté presente.

Le deseamos armonía familiar,

Linda y Carlos Rey
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1 Pr 14:5

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