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Caso 166

Mi caso es el común de hombres estúpidos que... cometen adulterio. En ese tiempo mi hijo tenía cinco meses de nacido, y tuve relaciones con una compañera de trabajo, que quedó embarazada. Mi esposa me echó de la casa, pero al poco tiempo regresé. Ella me dijo después que no podía perdonarme, y... en estos meses los pleitos se han vuelto cada vez más violentos verbalmente....

Por razones económicas, no he podido salir... y lo que me espera es que, en poco menos de dos meses, la otra mujer me mande a la cárcel por el no pago de la pensión y [yo] obviamente [pierda] mi trabajo, y eso entonces [complique] más el asunto. Como ven, estoy en un infierno y encrucijada, pues es más fácil suicidarme y que las pólizas paguen las deudas y yo [descanse], que seguir adelante. Pero para eso no tengo todavía el suficiente valor.

Consejo

Estimado amigo:

Tiene razón al decir que es como otros hombres que se han metido en semejante situación. Y francamente a usted no le queda ninguna opción que sea mejor que la de ellos. Claro que el matarse no es una alternativa positiva. Su muerte no resolvería ningún problema suyo, y además las pólizas de seguros de vida no pagan cuando la muerte es resultado del suicidio.

Nos llama la atención que usted ni siquiera mencione al hijo que procreó a raíz del adulterio. No pide consejo en cuanto a cómo ser un buen padre para ese hijo, ni cómo evitar que ese hijo le guarde rencor a medida que crezca. Usted parece no estar preocupado en absoluto por lo que sentirá ese hijo cuando descubra que no fue planeado ni deseado. Y no manifiesta usted ninguna preocupación por los sentimientos de la otra mujer, ni los de su esposa ni los de su hijo legítimo.

Lo que sí parece interesarle es cómo encontrar la vía más fácil para deshacerse de sus propios problemas, ¡mientras que los problemas emocionales que sufren los demás son los de menos importancia para usted! Esto es prueba del egoísmo por el que se encuentra ahora en semejante situación. Usted hizo lo que le dio la gana en ese momento con su compañera de trabajo, sin pensar siquiera en los sentimientos de nadie más ni en las consecuencias de su conducta.

El apóstol Pablo enseñó que «cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás».1 Mientras su meta principal en la vida sea hacer lo que a usted más le conviene, sin considerar siquiera lo que más les conviene a sus dos familias, seguirá viviendo en ese infierno que describe.

¡Acepte la responsabilidad de su conducta! Resuelva que va a esforzarse por dar el sustento económico y el buen ejemplo que necesitan sus dos hijos. Si tiene que ir a la cárcel, entonces aproveche el tiempo de presidio para que aprenda a ser un mejor hombre y un buen padre. Comience a pensar en lo que más les conviene a sus hijos y no en lo que más le conviene a usted.

Si le resulta difícil pensar en el bienestar de sus hijos en vez de pensar en el suyo, le recomendamos que ore y le confiese sus pecados a Dios, pidiéndole que le perdone sus malas actitudes y su mala conducta, y aceptando a su Hijo Jesucristo como su Salvador personal. Si comienza una relación personal con Dios, Él puede ayudarle a amar a los demás como debe hacerlo. Y puede ayudarle a ser un hombre capaz de afrontar sus responsabilidades y hacer lo debido con relación a los demás.

Le deseamos lo mejor,

Linda y Carlos Rey
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