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Caso 337

Soy una adolescente de dieciséis años. Desde que recuerdo, en mi familia ha habido muchos problemas, y el causante de esto es mi padre.... Él le fue infiel a mi mamá..., me insulta con palabras muy ofensivas y es muy egoísta. Mi mamá nos mantiene a todos. Ella básicamente hace el rol de madre y de padre.

No tenemos buena comunicación entre padre e hija desde hace dos años porque lo ignoro, ya que para todo me ofende o regaña. Reconozco que no he sido buena hija, y a veces quisiera pedirle perdón y que hagamos las paces; pero sé que él nunca va a cambiar, y pienso que no vale la pena hacerlo.... Me siento amargada por culpa de mi padre. No sé qué debo hacer. ¡Mi vida apesta!

Consejo

Estimada amiga:

Nos alegramos de que nos hayas contado tu caso. Aunque no lo sepas, hay centenares de miles de personas que sienten lo mismo que tú acerca de sus propios padres. Saben que la mamá toleró el descuido, el abandono, la infidelidad y hasta el abuso porque quería mantener intacta la familia y hacer lo que más les convenía a los hijos. (Claro que hay casos en que ha sido el padre quien ha mantenido intacta a la familia mientras que la madre ha sido infiel y ha abandonado o descuidado a los hijos, pero es mucho más común que la influencia destructiva para la familia sea el padre.)

Lamentablemente la mayoría de las personas no toman cursos para aprender a ser padres. Por el contrario, tienden a tratar a sus hijos tal y como se les trató a ellas. Pero no tiene que ser así. A los dieciséis años, tú puedes tomar la decisión de darles una vida diferente a tus futuros hijos. El primer paso es no relacionarte con ningún hombre a quien le falten las cualidades que habrías querido que tuviera tu padre. A algunas mujeres les gusta la emoción que les produce el vivir con un hombre aventurero, sin tener en cuenta el hecho de que es probable que ese hombre aventurero nunca llegue a ser un buen padre. Pero la experiencia que has tenido debe llevarte a buscar a un hombre que sea desinteresado, cariñoso, tierno, íntegro y digno de confianza.

Tú quisieras saber cómo cambiar tu situación. La mejor manera de cambiar es reconocer tanto lo que puedes como lo que no puedes hacer. Puedes forjar un futuro mejor para ti y para tus futuros hijos al tomar buenas decisiones ahora. Sin embargo, no vas a poder cambiar ni a tu papá ni a tu mamá.

Uno de los Diez Mandamientos es el honrar al padre y a la madre.1 Tanto Jesucristo como el apóstol Pablo se refieren a ese mandamiento en el Nuevo Testamento.2 Sin embargo, con frecuencia se interpreta mal la honra. No tienes que estar de acuerdo con tus padres ni tiene que gustarte lo que dicen ni cómo te tratan. Pero para honrarlos sí tienes que tratarlos con respeto, y obedecerles siempre que vivas en la casa de ellos. Sin embargo, la frustración que sientes te está llevando a no hacerle caso a tu padre y a faltarle el respeto, y la actitud y la conducta que manifiestas no hacen más que empeorar la situación. Tú te enojas cada vez más, y luego él se enoja aún más. Cuando él siente que se le ha faltado el respeto, trata de mostrar su poder al regañarte y castigarte. Eso resulta en que no le hagas caso. Y el ciclo continúa, con todos sintiéndose frustrados y resentidos.

Puedes pedirle perdón a tu padre a pesar de que sabes que él no va a cambiar. Necesitas hacerlo para librarte de la culpa que sientes, consciente de que estás haciendo lo correcto aunque él responda de un modo negativo. No esperes que mejore la comunicación que tienes con él, ya que es probable que no sea así. Ni esperes que se porte como el padre modelo de la televisión, ya que eso no va a suceder. Acepta que nunca has de tener el padre que quisieras haber tenido. Permite que eso te motive a elegir el padre que más les convendrá a tus futuros hijos y a darles una vida mejor. Piensa en eso constantemente, de modo que te inspire a vencer todo obstáculo que se te presente en los años venideros.

Te deseamos lo mejor,

Linda
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1 Ex 20:12
2 Mt 15:4; Ef 6:2

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