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Caso 46

Soy hija de una madre soltera. Cuando tenía tres años, mi mamá se casó con un hombre que no es mi padre. Ahora soy casada y [estoy] embarazada.... Tengo problemas en mi matrimonio, y [ella] dice que yo voy a pagar lágrimas de sangre con mi hijo, al igual que ella lo ha hecho conmigo.

¿Qué culpa tengo yo que a ella le vaya mal en su matrimonio? ¿Acaso yo le pedí venir al mundo?

Consejo

Estimada amiga:

¡Nosotras las madres somos capaces de decirles a nuestros hijos cosas desconsideradas, hirientes y malvadas! Algunas madres dicen cosas de las que se arrepienten. Otras dicen cosas que tienen relativamente poca importancia, pero que cuando se expresan, parecen más importantes de lo que son. Y otras madres tienen problemas psicológicos tan graves que deliberadamente dicen palabras con el fin de herir a sus seres queridos.

Muchos nos han escrito para contarnos cómo la mamá los ha herido emocionalmente. En la mayoría de los casos, no creemos que las madres tuvieran la intención de herir a éstos a quienes deben amar y proteger más que a nadie. El caso más común se da cuando la madre está cansada, sobrecargada de trabajo y abrumada. Ella arremete contra uno de sus hijos o contra todos porque no tiene con quién más desahogarse. No lo hace a propósito; sucede espontáneamente. Luego se arrepiente de lo que ha dicho, y a veces pide perdón por eso. Sin embargo, si esto se repite con frecuencia, sus disculpas no compensan el daño que ha causado. Ella no se da cuenta de que sus hijos bien pudieran sufrir las consecuencias de esas palabras hasta ya entrados en la edad adulta.

En otros casos, una madre puede querer lo mejor para su hijo, pero el hijo no parece querer aceptar sus consejos. Esto se da con más frecuencia con un hijo adolescente o adulto. Ella le da un consejo tras otro, pero el hijo no acata ninguno. Ella se frustra porque cree que sus consejos son beneficiosos para el hijo. En medio de su frustración, ella dice cosas hirientes. Emplea palabras hirientes como un arma con la que trata de obligar al hijo a que haga lo que ella considera que a él le conviene. Pero el hijo no puede oír las buenas intenciones de la madre sino sólo sus palabras, y esas palabras por lo regular lo llevan a él a decidir que no va a hacer nada que ella le aconseje.

En los pocos casos en que una madre tiene problemas psicológicos, es posible que su enfermedad mental se deba al maltrato que ha sufrido en su propia vida, que ha resultado en cierto desequilibrio químico en su cerebro. O tal vez haya desequilibrio en su cerebro que no se debe a ninguna circunstancia. De todos modos, esa madre pudiera decir y hacer cosas indebidas en perjuicio de sus hijos. Ella necesita ayuda profesional, y sus hijos también necesitarán ayuda.

No hay ningún modo de saber lo que está detrás de las palabras hirientes de su mamá. Es posible que usted tenga alguna idea de la causa debido a que es usted la que ha vivido con ella la mayor parte de su vida. Pero lo que más importa que usted sepa es que las palabras de su mamá no guardan relación alguna con lo que ha de suceder en el matrimonio suyo o con el hijo suyo. La persona que tiene el privilegio de decidir el futuro suyo es usted.

El sabio Salomón dijo: «El charlatán hiere con la lengua como con una espada, pero la lengua del sabio brinda alivio.»1 Las palabras de su mamá son hirientes y de veras la han cortado a usted emocionalmente, como lo haría una espada. Pero usted ahora tiene la oportunidad de cuidar las palabras que le diga a su hijo para que ese ciclo no vuelva a repetirse. Su hijo no tiene por qué oír palabras hirientes de sus labios. Al contrario, usted puede optar por dominar su enojo y frustración a fin de que su hijo o hija nunca tenga que sufrir lo que usted ha sufrido.

Pídale a Dios que la ayude, y Él lo hará,

Linda
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1 Pr 12:18

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