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Caso 45

Un día mi esposa, después de seis años de matrimonio, me llamó aparte y me dijo que se quería separar. Dijo que quería su parte de las propiedades. Todo como me lo pidió se lo di. No le importó que al llevarse la mitad de los negocios, yo iba a la ruina. Igual se los entregué.

Con el tiempo, todo lo perdió... Yo entonces le pedí que volviera a casa. Sé bien que no me quiere. Ella me lo dijo muchas veces. Pero ahora mi hijo es feliz otra vez.

¿Vale la pena mantener el hogar cuando sólo yo tengo amor en mi corazón? ¿Hasta dónde debo llegar por amor a mi familia...?

Consejo

Estimado amigo:

Lo felicitamos por ser un hombre con entereza de carácter, más interesado en el bienestar de su hijo que en el suyo. Ese es un rasgo excepcional en estos tiempos en que vivimos. De veras es encomiable que usted esté dispuesto a sacrificar su propia felicidad a fin de que su hijo pueda crecer feliz.

Usted nos preguntó: «¿Hasta dónde debo llegar por amor a mi familia?» Muchas personas que leen y escuchan estos casos cada semana se han hecho esa misma pregunta. La diferencia está en que usted ya ha demostrado que está dispuesto a pagar un precio elevado por amor a su familia. Muchos otros no pueden decir lo mismo porque han actuado como si sus propios sentimientos fueran el factor más importante que deben tomar en cuenta. En cambio, usted ha dejado de lado sus propios sentimientos en beneficio de su hijo. ¡El mundo sería un lugar mucho mejor si hubiera más personas como usted!

¿Se ha portado mal su esposa? ¡Claro que sí! De ninguna manera justificamos lo que ella ha hecho. ¿Ha sido esta una terrible experiencia para usted? Sin lugar a dudas. Pero usted ha reconocido sabiamente que su hijo no debe tener que sufrir a causa de los errores de la mamá.

El carácter que usted ha mostrado al estar dispuesto a perdonar una y otra vez es como el de nuestro Padre celestial. De hecho, hay una historia que forma parte de la Biblia porque Dios quiso enseñarnos lo mucho que está dispuesto a perdonarnos y a darnos otra oportunidad cuando lo hemos herido repetidamente. Es la historia de Oseas, que se casó con una mujer que lo abandonó a él y a sus tres hijos una y otra vez, y hasta le fue infiel. Pero Dios le dijo a Oseas que volviera a mostrarle amor a su esposa,1 y Oseas lo hizo, quizá porque Dios se lo dijo, y quizá porque sabía que era lo mejor para sus hijos.

Muchos afirman que aman a Dios. Le piden favores y claman a Él cuando están en apuros, pero nunca han sentido devoción por Él. Nunca lo han amado tanto como para que sea parte importante de su vida diaria. Por el contrario, se aprovechan de Él para satisfacer sus propias necesidades, tal como su esposa está haciendo con usted. Y con todo Dios sigue dispuesto a amarlos y a tener una relación personal con ellos. Él les perdonará los pecados cuando se lo pidan, gracias al sacrificio de su Hijo Jesucristo en la cruz.

Tal vez su esposa no le haya pedido a usted perdón. Y tal vez ella no haya reconocido siquiera que se ha portado mal. Pero cuando usted sigue amándola y mostrándole cariño, le está dando un ejemplo piadoso a su hijo. Y de aquí a que él sea un adulto, es posible que esa mujer que es esposa suya y madre de él haya cambiado su actitud y su comportamiento como resultado del amor que usted le ha mostrado.

¡Le deseamos que sea feliz!

Linda y Carlos Rey
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1 Os 3:1

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