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Caso 290

Estuve casada por veinticuatro años con un hombre en el cual creí y amé sobre todas las cosas. Tenemos una hija de diecinueve años y un hijo de dieciséis. Aunque [durante] todos estos años [afrontamos] muchas situaciones difíciles y conflictos en el matrimonio, igual quise salvar a mi familia. Hace un año, mi hija me confesó que el padre había estado abusando de ella sexualmente desde su adolescencia. Lo enfrenté, y me confesó lo sucedido. Mi hija lo denunció... [y] él [ahora] está en prisión.

Hace unos días conversé con él, y me dijo que él obró mal, pero que yo lo hice peor al prestarme a denunciarlo.... (Ante la justicia, los familiares y amigos niegan que él haya hecho eso.) Y se atrevió a pedirme que nos retractáramos de lo que hicimos para poder salir de prisión, ya que él dice que le hemos hecho mucho daño. ¿Hice lo correcto al apoyar a mi hija con la denuncia?

Consejo

Estimada amiga:

Nos alegramos de que nos haya contado su caso. Es obvio que usted se siente bajo mucha presión de parte de casi todos los que la rodean. Esas personas equivocadas y mal informadas la están haciendo dudar de la decisión que tomó. La están confundiendo y llevándola a que ponga en tela de juicio hasta el haber apoyado a su hija.

Su esposo quiere que todo el mundo crea que él es la víctima en esta situación. Él está tratando de lavarle el cerebro, y de echarle la culpa a usted por lo que hizo él. ¡No le haga caso! Él es un pervertido sexual y un pedófilo. Y le está mintiendo a cualquiera que le crea (incluso a su familia y a sus amigos) a fin de que lo apoyen en contra de usted. Mientras tanto, a su hija, que es la verdadera víctima, le están diciendo que debe sentirse culpable por haber dicho la verdad. ¡Estamos muy orgullosos de usted por el apoyo que le está dando a ella! Es probable que ella afronte años, hasta décadas, de efectos secundarios por lo que se le hizo. Pero al menos tuvo una madre que la apoyó. Eso le servirá de mucho.

Hay quienes creen que la mejor manera de manejar situaciones como esta es que no salgan del círculo familiar, y si la familia disfruta de relación alguna con Dios, algunos aconsejarían que se consultara con la iglesia en lugar de hacerlo con las autoridades judiciales. Los perpetradores apoyan y fomentan por conveniencia esas opciones, como la forma de aminorar las consecuencias que deben pagar por sus delitos. Eso es malo, y permite que los pervertidos sexuales sigan abusando de otras víctimas.

El apóstol Pablo enseñó: «Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual».1 Su esposo bien puede pedirle perdón a Dios en el nombre de Jesucristo por sus pecados, y si es sincero, Dios lo perdonará por la eternidad. Sin embargo, si él sigue mintiéndoles a los demás acerca de lo que hizo, es dudosa su sinceridad. Y tal como sucede con cualquier otro pecado, de todos modos en este mundo debe afrontar las consecuencias de sus malas acciones. Él merece estar en prisión, así que ¡déjelo ahí!

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Ef 5:3a

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