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Caso 127

El dolor traspasa mi corazón como un cuchillo. Me casé en el año 1987, y al poco tiempo quedé embarazada y tomé la horrible decisión de abortar. Crecí en una familia violenta en la que mis padres se peleaban y se pegaban todo el tiempo. Mi mamá siempre me dijo que, desde que yo nací, ella se empezó a llevar mal con mi padre, y que los hijos arruinaban el matrimonio.... Ni bien salí del lugar donde me practiqué el aborto, me sentí sucia, una basura; nunca más volví a ser la misma.... Siempre recuerdo lo que hice, y me llena de tristeza.

Consejo

Estimada amiga:

Si bien la culpa de lo que usted hizo no le corresponde a su mamá, lo que ella le dijo le hizo mucho daño a usted durante su infancia y su vida adulta. Su mamá hizo que usted se sintiera culpable de los problemas matrimoniales que tenía ella, y le dio a entender que la vida de ella habría sido mejor si usted no hubiera nacido. Ese tipo de declaración tiene el poder de infligir en un niño un daño emocional tan grave que dura muchos años o hasta toda la vida.

Los padres que culpan a sus hijos por sus propios problemas tienen poca visión de futuro y son inmaduros, egoístas y crueles. Lamentablemente es muy común hoy día oír a una madre maldecir o insultar a sus hijos. A los padres, así mismo, se les oye burlarse de sus hijos o pronosticar cosas malas para el futuro de sus hijas. Estos adultos al parecer no tienen idea de que con eso los están maltratando. Tales padres se encuentran tan centrados en sus propios deseos y necesidades que sus hijos se vuelven las inocentes víctimas que sufren las consecuencias emocionales y terminan con una idea tergiversada de lo que son la realidad y su propia identidad. Eso afecta gravemente la capacidad que tienen de tomar buenas decisiones. De modo que el hijo con frecuencia oye mentalmente la condenación del padre por el resto de su vida. Y la hija oye las palabras acusadoras de la madre, tal como las oye usted.

Usted tomó la horrible decisión de abortar a su criatura. Sin embargo, usted ha aceptado la responsabilidad de su conducta, aunque da a entender que sin duda influyeron en esa decisión los mensajes negativos que oyó de labios de su mamá. La culpa que siente se agudiza por la profunda tristeza de haber perdido a un hijo, del cual no tiene fotos ni recuerdos que le sirvan de consuelo. Ni siquiera puede hablar con otros acerca de esa pérdida, ya que desconocen su secreto. Más bien, usted llora en silencio y se pregunta constantemente cómo habría sido si a él o a ella se le hubiera dado la oportunidad de vivir.

Dé por sentado que siempre sentirá esa pérdida del hijo que no dio a luz, y que la sentirá cada vez que vea a un niño de la edad que hubiera tenido el suyo. Y no se sorprenda cuando la embargue el sufrimiento. Jamás se repondrá de esa pérdida, pero el perdón y el tiempo aliviarán ese dolor.

El perdón es un regalo de Dios, pero usted tiene que aceptarlo. Jesucristo murió a fin de pagar por lo que usted hizo. Él recibió el castigo del pecado que usted cometió para que usted recibiera el perdón.1 Así que pídale perdón a Dios, acéptelo, y luego perdónese a sí misma.

Le deseamos lo mejor,

Linda y Carlos Rey
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1 Ro 5:8

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